jueves, 6 de diciembre de 2012

¿En donde está el negocio?


¿A quién le ha pasado que ha ido a comer al local gastronómico de moda y les parece fabuloso por la novedad y las ganas de probar. Van de nuevo y les parece bueno pero conocido. Vuelven a ir y les parece mediocre, más de lo mismo y  hasta aburrido. En consecuencia deciden dejar de ir porque no quieren gastar su tiempo ni su dinero en la constante monotonía, pero le quieren dar otra oportunidad y resulta ser una mala experiencia. Entonces viene ese arrepentimiento y sentido de ultrajo, violación de lo más básico e íntegro del ser y de todo lo que nos importa, entonces nace un sentimiento de malestar y esa voz interior que nos acusa repitiéndonos una y otra vez: “te lo dije”?

Pues a mí me pasó recientemente en Bocadillos, el lugar de comida rápida americana en la estación de servicio Full de Todo.  Fue a las 8 de la noche de un día martes cualquiera. Llegué espontáneamente, sin mi agenda ni mis ganas de ser crítico pues esto de opinar implica pensar y, pensar cansa. Tuve realmente un día muy pesado en la oficina y sólo quería comer algo para dormir tranquilo. Tenía entendido que las hamburguesas ahí no eran económicas pero, sabrosas. Acerté en la primera pero en la segunda me llevé una decepción… gran decepción.

Primero les hablaré de personal luego de las hamburguesas y luego del experimento que hice para determinar el sentido de honestidad, nobleza y vocación de servicio de quienes están del otro lado del mostrador.

Como decía, fui a Bocadillos de una manera desenfadada, con la mente despejada y sin ninguna intención de prestarle atención a los detalles. Pido para llevar dos hamburguesas que llevan el nombre del “restaurant”: Hamburguesas Bocadillos. Quien tomó mi orden fue un muchacho con mala actitud: arrogancia, desdén e indiferencia; realmente no me molesté en preguntar su nombre (como lo haría normalmente en los restaurantes que visitamos). Dejé pasar por alto su mal proceder y me decidí a pagar el precio de Bs. 75,oo por cada una de las hamburguesa que pedí para llevar. Pregunté el precio y para mi sorpresa no fue la suma de Bs75 x 2= Bs 150 sino Bs 160. Pregunté por qué y la causa del aumento al monto fue por los dos envases para llevar. Me cobraron por cada envase Bs 5,oo. Fue ahí cuando me molesté realmente. ¿Por qué tienen que cobrarme unos irrisorios 5 bolívares por un envase de anime, que va a la basura y que tiene el magno propósito de llevar el producto, nombre, marca, sabor, esfuerzo, receta, tiempo, inversión de los propietarios de Bocadillos a mi casa y “disfrutar” de todo eso?

Por 75 Bolívares nos podemos ir a Bön Burguer y comernos una hamburguesa de mayor calidad en un local pensado y diseñado para atender el público, con la intención de satisfacer al cliente; no improvisado como en Bocadillos, que de lejos se ve que quitaron estantes de productos para meter sillas y mesas con la impuesta decisión de vender hamburguesas porque sí. Señores Bocadillos, su local, sus hamburguesas y su atención no valen Bs 75, nos deben humildad y respeto. Están compitiendo con las Hamburguesas de Mi Ternerita, La Brasería, entre otros excelentes lugares, aptos y dispuestos a recibir comedores de hamburguesas. Esos envases deben ser asumidos en el alto precio y jamás debe el cliente pagar la penitencia por no querer quedarse en un lugar con olor a gasolina y lleno de personas molestas e indispuestas que no son capaces de brindarle una sonrisa a quién les lleva el dinero a la caja registradora.

Mi paciencia se agotó. Logré superar a los vendedores de piratería que se lanzaron en el parabrisas de mi automóvil para venderme una película, logré superar la desidia del cajero que le daba igual si compraba una revista o una hamburguesa, logré superar el olor a gasolina que entraba desde afuera, pero cuando me abofetearon con el cobro de los envases para llevar decidí prestar atención para poder redactar esta nota con la mayor exactitud posible. Acepté lo cobrado: dos hamburguesas, más dos envases, más un regalito para mi esposa: Bs 176,98


En bien pagué el monto, le dije al 
cocinero (hombre en sus cuarentas, tal vez, de cabello blanco y de actitud impresionantemente similar a la del cajero) que ya no quería mi hamburguesa para llevar sino para comerla en el local. Éste me dijo que no había problema y así fue, luego de 25 minutos recibí mi hamburguesa. Realmente se veía provocativa, tenía la firme convicción de olvidar todo, si sabía como se veía. Me propuse el reto y perdí, pues la carne de la hamburguesa estaba seca y salada. La hamburguesa no tenía las salsas más comunes, pero al parecer esto no fue un error, pues me dio la impresión que la hamburguesa no viene con la mayonesa, el kétchup ni la mostaza tradicional, porque al pedir estas salsas el cocinero arrogantemente me preguntó: “¿cual quiere?”. La hamburguesa no estaba tan buena como la recordaba, no sé si fue porque antes tenía positivas expectativas o porque simplemente, antes en Bocadillos, preparaban buenas hamburguesas.



 La decisión de comer en el local fue un experimento que decidí realizar. Estaba molesto por el tema de los envases y me preguntaba las razones para que estos restauranteros, amantes del dinero y no de la gastronomía, hayan decido cobrar 5 bolívares por cada envase para llevar. Me preguntaba si el verdadero negocio estaba en los envases y no en vender hamburguesas, o si cobraban los envases para que la gente prefiriese comer ahí que pagar por los animes; estaba intrigado por saber si eran unos genios locos o unos locos tontos. El hecho fue que cambié mi orden para ver si me regresaría mis 5 bolívares por motu proprio debido a que son honestos y quieren proteger a sus cliente ya que realmente les importa la satisfacción de los mismos pues es el deber ser de cada restaurant o por otro lado me dejaría ir, quedándose con mis 5 bolívares más, el envase que no me entregaron, aun cuando pagué por él. ¿Quieren saber el resultado de mi experimento?

martes, 20 de noviembre de 2012

Japonés y Moderno.


Si usted busca un lugar bonito, informal, agradable a la vista y con precios chéveres entonces visite Hello Sushi ubicado en la Av. 3G con calle 76. Éste es, sin duda, uno de los restaurantes de comida japonesa más populares dentro del creciente grupo de entusiastas de la gastronomía asiática en Maracaibo. Pero les advertimos que si quiere disfrutar realmente de las bondades de Hello Sushi, es decir, de un restaurante moderno y fresco, cálido y acogedor, con una decoración temática acertada y de comida preparada por zulianos realmente expertos en la preparación de alimentos como lo es el Master Sushi Marcos Rivas y su equipo entonces vaya  almorzar y no a cenar.

Si por alguna razón decide asistir a comer en horas de la noche entonces encontrará  el mismo Hello Sushi: bonito, fresco y moderno pero atestado de comensales y clientes que esperan ser atendidos, encontrarán un restaurante sucio, incómodo, para nada acogedor y verá el gran desorden que lamentablemente nos tocó ser testigos. El local tiene un estacionamiento muy pequeño, que durante el día funciona perfecto pero de noche no da abasto. El local carece de servicio de Valet Parking y el visitante tiene que sufrir para conseguir un estacionamiento seguro.

Mundialmente en los restaurantes la figura del Maître esta casi extinta. Los socios capitalistas de un restaurante, que pocas veces le tiene tanto amor a la gastronomía como se lo deben a su dinero, se han encargado de eliminar este importantísimo rol de sus negocios, cambiándolos por piernas largas y silicona. En Hello Sushi ni las muchachas bonitas están. Los clientes llegan y chocan con una decena de personas que esperan su turno para sentarse a cenar. Quien estaba encargado de este imperioso deber era un mesero que a su vez tenía que atender sus respectivas mesas. Su nombre era Carlos.


Carlos muy nos vio parados frente al sushi bar, donde el jefe de la cocina Marcos Rivas trabajaba y guiaba a su equipo y nos entrega la carta para que eligiésemos nuestra cena. ¡Sí! Ahí parados. Abrimos los ojos cuando el personal de limpieza trabajaba con escoba y pala en mano entre las mesas. Decimos visitar las salas sanitarias mientras esperábamos y estaba de cabeza: muy sucio y desordenado. Fue ahí cuando entendimos que Hello Sushi en horario nocturno es un restaurante Fast food: un clásico americano, donde es cuestión de tiempo no de calidad. Llegue, ordene, coma, pague y váyase.

Cuando por fin tuvimos la oportunidad de sentarnos fuimos amablemente atendidos por el mesero Jorge Parra. Realmente se esforzó es complacernos y lo logró. Previamente, mientras estábamos de pie, le pedimos a Carlos su sugerencia y nos dio muchas, le pedimos sabores a fruta y sabores refrescantes y nos sugirió el Marley Roll: roll de pescado blanco, salmón, wakame, queso crema, masago y cebollín, con topping de aguacate y cangrejo acompañado de chutney de mango y reducción de parchita. También pedimos un Arroz Yakimeshi: arroz jazmín salteado con vegetales, huevo, salsa de soya y teriyaki a base de pollo, lomito o langostinos. De entrada pedimos unos bocadillos de Salmón: finos cortes de salmón crunch, rellenos de una mezcla de queso crema, aguacate y pasta dinamita y para mojar una salsa de anguila e inari.

Hablemos por orden de llegada: Los FANTÁSTICOS  Bocaditos de Salmón. Son realmente deliciosos. Una maravilla concebir este plato y llevarlo a la realidad. Si por algo me convenció Marcos Rivas, como líder de la cocina de Hello Sushi, fue con este plato. 

La presentación puede ser mejorada, considero que si se piensa y se diseña con calma y más corazón se puede presentar mejor. Con respecto al sabor hay mucho que decir, muchísimo que alabar y sólo nos extendemos en decir que sí existe el crunch verdadero y no hay mejor dip que el de la salsa de anguila e inari. Una entrada acertada. Inmejorable en sabor y técnicas de cocción. Una obra de arte envidiable por cualquier cocinero. Precio: Bs 69,oo

Luego nos tocó disfrutar los sabores frutales del Marley Roll. Se siente el olor del caribe y frescura en la boca. La textura del mango dulce y semi crocante que se combinaba con el ácido intenso de la reducción de parchita fue realmente refrescante, que despertaban el paladar del letargo producido por el pescado crudo y del aburrido Arroz Japonés. 


No sé si vale la pena probar los Marley Roll sin estos dos ingredientes, pues quedaría un roll sin alma, un bocado  soso. Si nos atrevemos a criticar algo del plato es porque el Chutney no parecía chutney, sino más bien una mermelada, carente del sabor a vinagre y jengibre que caracterizan esta preparación hindú y por otro lado notamos que el roll estaba mal cortado, pues al sujetarlo con los palillos había que hacer una esfuerzo especial en tratar de despegarlos uno del otro y terminaban rompiéndose. El Marley Roll llegó desbaratado a la mesa, algo pasó. 

Al principio intuí que debido a la gran demanda de platos, se pasó por alto la estética por parte de los cocineros, pero me percaté que los mesoneros, al llevar los platos desde el sushi bar hasta las mesas estropean la presentación al superponer los platos en sus brazos. Sin embargo el amarillo intenso del mango  y el amarillo oscuro de la parchita más los diminutos puntos negros azabache de las semillas de la fruta licuada hacían de este plato un espectáculo visual precioso.  Si le somos sinceros nos encantó la combinación de las frutas con los pescados y el queso crema, fue muy inteligente y nos habla muy bien de quien la concibió. Me gustaría decir que fue el Sushi Master que comanda esa cocina. Precio: Bs 85,oo

El patito negro de nuestra experiencia fue el infame Arroz Yakimeshi de Lomito. Que gran decepción sufrimos al esperar, un plato tan simple y tan sencillo realizado de esa manera. Servido en un plato con una forma a barco oriental, de bordes de pintura desgastada por el uso y con muy mal aspecto. Se lee entre líneas que el cocinero simplemente volcó el arroz en él y lo decoró con brote de hortaliza tratando de darle altura a la pila de arroz con carne que recibimos. Sabores a soya quemada con olores fuertes a cebollín hicieron que arrugáramos la cara por segunda vez cuando la primera fue por su presentación. 








Un plato sin alma ni espíritu, era el suspiro de un derrotado. Altamente sobrevalorado e imposible de recordar. Como nosotros no criticamos para fomentar la discordia y la polémica decidimos no decir más de este plato. Nuestra intención es ayudar con nuestra crítica más no de afincarnos en las debilidades de nuestros colegas y de los restaurantes. Precio: Bs 79,oo

Dos (2) platos principales, una (1) entrada y tres (3) tés naturales Bs 293,oo

Hello Sushi es sin duda una gran opción para ir a almorzar, hacer reuniones o simplemente ir a conversar entre amigos. Sus propietarios tienen un local muy bien logrado, un concepto claro para el hang out y de informalidad (positivamente visto). Aquí se brinda buenos productos, un servicio acorde al concepto del local y no nos cabe duda que volveremos a visitarlos. Recomendados.

Servicio: 7.5  Rapidez de entrega de pedidos: 8.5 Calidad de los productos: 9 Local: 8.5 Amabilidad del personal: 9 Sabor: 9.5 Hello Sushi: comiendo sushi desenfadadamente, ¡Genial!

viernes, 9 de noviembre de 2012

Una noche en Kaori


Para complacer a mi esposa y también para ayudar a bajarle los altos niveles de estrés que genera manejar durante las horas pico en Maracaibo, decidí invitarla a cenar en Kaori, ubicado en el C.C. Lago Mall en la Av 2 El Milagro. Su ubicación resulta muy conveniente para aquellos que, como yo, están conscientes del alto peligro que nos asecha y que a muy pocos marabinos parece incomodarles. El centro comercial ofrece para sus visitantes un estacionamiento privado, que si bien su personal no está pendiente de tu vehículo, como deberían en vez de cobrar el costo de estacionamiento, ofrecen una sensación de seguridad suficiente como para olvidarse del vehículo por unas horas. Puedes utilizar el estacionamiento techado o al aire libre. Yo preferí el techado por eso de las lluvias, pero me sentí como tonto cuando vi que el trayecto desde el carro hasta la puerta del restaurante era, en su totalidad, al aire libre ¡zoquete!. Al entrar a Kaori de inmediato me sentí atendido, no nos recibieron, tuvimos que solicitar la atención sin embargo consideré y lo sigo haciendo, que fue un descuido de esa noche y punto. Minutos después de habernos sentado y de que nos hayan ofrecido algo de beber, pedí un favor poco usual en un restaurante y fue el que me facilitaran un cargador para mi teléfono y lo que vino a continuación fue una respuesta amable e inmediata, no sólo tenían un cargador para mí sino que también me ofrecieron seguridad para mi teléfono. En fin me sentí realmente atendido a pesar de que hubo un abismo en la recepción.

Yo elegí cenar un Lomito Ostión, el plato estaba dentro de la sección de Wok, si mal no recuerdo. Siempre me he sentido atraído hacia la comida oriental, sobre todo a la comida Thai, no sé la razón ni la puedo explicar con certeza. Tal vez sea por el tema de la agresividad, la rapidez y sencillez con que la preparan. Nunca he tenido la oportunidad de cocinar algo Thai, he visto vídeos en Youtube y ver las llamaradas que salen del wok mientras el cocinero revuelve todo con agilidad y algo de violencia intencional me resulta sùper interesante ¡asignatura pendiente! Sin ninguna duda.

El Lomito Ostión llega a la mesa, todos en silencio. Mi espesa expectante ante mi expresión corporal: ojos con una mirada que amenazaba al mesero, manos que, inconscientemente, sujetaban la mesa como si estuviese prevenido a que me la fueran a halar, a mi derecha mi libreta de anotaciones junto a mi bolígrafo preferido, mi celular, del lado izquierdo, ya con el flash encendido y lista la función de la cámara. Reina el silencio y el mesero baja el Lomito Ostión casi con una actitud nerviosa, casi como si estuviese consciente de mi crítica y de mis ganas de probar  lo elegido. El plato está en la mesa. Si tenía dudas de Kaori se desvanecieron en ese mismo instante cuando vi el Lomito Ostión perfectamente emplatado: plato plano, negro brillante y cuadrado que sirve de base para el plato blanco mate, hondo y con puntas ubicadas contrarias al plato negro de la base. La altura del plato y el movimiento fue lograda con cabellos de cebollìn crudos y los colores estaban vivos y  me resultaron armónicos entre ellos. Si bien hubiese preferido freír el cebollín para presentación, la elección del cocinero me pareciò válida y acertada de igual manera.

El Lomito Ostión consiste, según el menú en: “tiras de lomito salteado al wok con vegetales y arroz jazmín” yo el mío lo pedí con vegetales cocidos al vapor, pues me encanta saborear el sabor de los productos al vapor, pues, si bien pierden algo del sabor,su esencia se mantiene y adicionalemente su textura en más amable. Los vegetales que me ofrecieron como contorno tenían unos colores vivos y hermosos, lamentablemente me resultaron de una textura blanda debido a su sobrecocción. Sin embargo tenían muy buen sabor. El lomito sabía muy bien, excelente punto y los vegetales que lo acompañaron en el wok en el salteo tenían, a diferencia de los de Side Dish, un punto de cocción genial, crocantes por dentro y blandos por fuera: punto muy difícil de lograr debido que el corte juliana consiste en cortar las verduras en tiras alargadas y muy finas. Imagínese lograr que una verdura esté blanda por su exterior y crocante por dentro y que no se le parta la juliana. ¡Supremo!

Mi esposa eligió cenar Dinamita Sushi Roll, pero de este plato no puedo hablar con propiedad porque mi esposa tomó la decisión, tajante y contundente de no darme a probar nada de su plato debido a que, al parecer y según su punto de vista, yo siempre le estoy velando la comida. Realmente quiero probar de todos los platos de las personas del restaurante por mi gran necesidad de probar platos nuevos, no por hambriento ni por otras cosa. Pero, como no puedo meterle el tenedor en el plato de los comensales de las mesas vecinas a la mía no me queda otra opción que probar el plato de mi esposa, pero resulta que me casé con la persona que más detesta este defecto (lo reconozco) en el mundo.

Por lo que pude ver el plato estaba bonitamente emplatado, no como mi Lomito Ostión pero ciertamente hay alguien detrás, con cierto criterio, emplatando plato. Cosa curiosa, pues durante el proceso de emplatado del sushi se permite innovar y se invita a ser creativos a los cocineros. Disponer los sushi rolls alineados con gotas de su salsa por encima del relleno, impidiendo que este se vea por su parte visible es muy inconveniente para el deleite visual, parte esencial al comer. No estaba mal, pero no lo recordaré jamás después de esta nota. Ya se me olvidó el Dinamita Sushi Roll, simplemente no es digno de recordar.

Después de haber tomado las fotografías correspondientes con mi Samsung Galaxy Note y de haber tomado nota de la presentación, decidí empezar a degustar el plato. Explotaron los sabores y el que predominó fue un picor muy interesante, creo que se utilizó un curry con varias especies de pimientas en él. Los vegetales, ya lo mencioné, excelentes, la carnes también y el sabor Thai estaba “In da house” realmente lograron copar mi atención.

De maridaje yo hubiese elegido un Sauvignon Blanc chileno pero decidí tomar un té natural debido a que estaba bajo medicamentos y tomar alcohol me resultaba inconveniente para el tratamiento contra la gripe. ¿Por qué blanco y no tinto si comías carne roja? Porque el plato contenía una gran variedad de vegetales semicrocantes, con un picor suave y elegí cenar al aire libre, en la terraza y porque sencillamente no me da la gana a limitarme con esas normas de algunos “conocedores” y que miles de esnobs secundan sin usar su propio criterio. Increíble el esnobismo culinario maracucho, son muchos.

Kaori quedó en mi paladar, quedó en mi memoria. Kaori me convenció y me invitó a hablar bien de él. 
Kaori me invita a regresar.


Servicio: 8.5  Rapidez de entrega de pedidos: 8 Calidad de los productos: 9.5 Local: 9.5 Amabilidad del personal: 9 Sabor: 9.5 Kaori: ¡Realmente tengo que volver!