Llegué junto con un grupo de amigos a Albahaca. Nos recibe con una sonrisa el Sr José Sabe, un restaurador que se ocupa de que el cliente se sienta como en casa. Nos da la bienvenida y con un gentil ademán nos invita a pasar y a elegir la mesa que más nos guste. Elegimos sentarnos en la terraza pues nos sentimos muy complacidos del fresco ambiente, y de lo bonita que es esta zona de Maracaibo, sin embargo, creo que debería estar un poco más iluminada pues la única luz que realmente ilumina esta área, es un farol de luz público de la acera de la calle 78, llegando indirectamente a nuestra mesa pero no es suficiente para iluminar los platos, apreciar el emplatado y los colores de los productos servidos.
Llegan los menús a la mesa sin antes habernos ofrecido algo de tomar. Esto es considerado un error en la cocina clásica pero no en la moderna donde el formalismo es visto como algo del pasado, arcaico y en desuso. Realmente considero que hay rituales que definen una experiencia. Señores restauradores, estos protocolos no están hechos al azar, tienen su importancia y su significado, es necesario respetarlos. Como nosotros sí apreciamos la liturgia y nos cuidamos de no profanarla, hicimos los menús a un lado y ordenamos unos tés naturales para dedicarnos a apreciar las instalaciones, las intenciones del restaurador en su decoración y los detalles
que pasan por alto cuando se es recibido con los menús en mano, como si
el cliente llegase hambriento o como si se quisiera enviar el mensaje
de que en Albahaca se viene sólo a comer y no otras cosas.

El
local está muy bien logrado, realmente existe una línea decorativa que
se conserva desde su concepción hasta la realidad. Me encantó ver que en el menú existen imágenes de unas enredaderas dispuestas sobre una especie de rejillas en forma de rombos y luego alzar la vista y ver unas trinitarias enredándose entre las mismas formas que en el menú se representan. Son detalles que hay que agradecer pues son hechos con la intención de agradarnos. El local posee dos majestuosas palmas que son resaltadas con luces cálidas en forma de espiral que realzan su altura y notoriedad. Demos las gracias por la iniciativa de Marhaba Café Restaurant, antiguos inquilinos del local, por plantarlas y
a Albahaca Restaurant por conservar tan hermosos especímenes que
adornan nuestra creciente zona gourmet. Creemos que sería oportuno
alumbrar los anuncios empotrados en los costados del local, es decir, tanto el que está del lado de la Av. 3G como el de la calle 78 y así resaltar, en horas de la noche, el nombre del local para que sea visto desde la calle. Consejo: luces LED, son buenas, bonitas y baratas; trabajan con corriente 110 Voltios y de muy fácil instalación.
Terminamos de apreciar los detalles y cualidades antes descritas y nos preparamos para ordenar, abrimos el menú y con la mejor disposición emprendí un viaje visual por cada rincón impreso. Lo primero que advertí es que los precios
son realmente competitivos, creo que no sufrieron el imbatible aumento
del dólar. Algo que no me parece positivo es la ausencia de información
sobre si está incluido o no el IVA en los precios mostrados en la carta. Queda la incertidumbre. Sin hacer mella en el asunto, decidí ordenar y para ello le pedí a un mesero que le solicitase al jefe de cocina, Jerry Miranda, que se acercase a la mesa. Jerry, sin dudar y con notorio entusiasmo y pasión en sus palabras, nos sugirió el Lomito Albahaca: centro de lomito al grill, envuelto en jamón serrano,
bañado con salsa a base de hongos Portobello, tomates secos, albahaca
(no podía faltar), puré de batata y vegetales salteados. El joven
cocinero, capitán de cocina y responsable de
los sabores, nos habló con tanta seguridad sobre el Lomito Albahaca que
decidimos probarlo, aun cuando los platos homónimos al restaurant me
causan terror.
El
Lomito Albahaca se hizo esperar unos 20 minutos, sin prisa pero sin
letanía. Se agradece. Debo admitir que aun cuando nuestra intención en
este blog es calificar y transmitir nuestras experiencias durante
nuestras visitas a los locales gastronómicos de la ciudad de Maracaibo,
no nos importó esperar lo ordenado, pues mis amigos y yo la estábamos pasando muy bien en la terraza con los tés, la frescura de esa noche maracaibera y la buena conversación. Vemos aproximarse la estrella de la casa, en manos del mesero que viene directo hacia nuestra mesa. En cámara lenta bajo la mirada y no encuentro el mantel individual,
no encuentro los cubiertos para comer, no veo las servilletas y me
empiezo a preocupar porque todo estaba saliendo tan bien que no quería
tener algo malo que decir del servicio. Tenía la melodía de la película
de Spielberg, Tiburón, en la cabeza y con
la real esperanza de que otro mesero me sorprendiera por mi otro
costado con estos utensilios para cenar en un restaurante de la
categoría de Albahaca Restaurant, pero llegó primero el lomito y me vi
en la penosa necesidad de pedirle al mesero que me trajera los cubiertos
y éste, con un gesto de vergüenza por su olvido, me pidió unos segundos para traérmelos. Pasado el tiempo llega con una sonrisa penosa y unos cubiertos envueltos en una servilleta de papel, cosa que lamenté y termine considerando el segundo “strike” de este local gastronómico. Después de luchar con la servilleta conseguí tener acceso al cuchillo y al tenedor para ver que mi plato no estaba dispuesto directamente sobre la mesa ni sobre un mantel o “individual” sino sobre un charco de agua producto de la condensación de mi té helado. Tercer “strike”.
Justo
antes de tocar el plato, inclusive antes de detallar el emplatado me
dedique a reflexionar sobre mi situación. Me preguntaba las razones por
las cuales ese hilo de agua caía desde la mesa hasta mi pantalón. Quería entender cómo podía suceder tal incomodidad y por qué estos detalles no estaban cubiertos. La sala no
estaba llena, habías mesas vacías y no había ningún evento que
precisara una atención especial de los meseros para olvidar disponer
estos utensilios necesarios para servir al comensal apropiadamente.
Decidí restarle importancia y me avoqué de corazón al Lomito Albahaca. Habiendo
hecho a un lado los ausentes y teniendo los utensilios dispuestos me
dedique a estudiar el plato. Me encontré con un emplatado muy bien
logrado, las grandes porciones realmente hacían justicia a la
idiosincrasia marabina. El lomo envuelto en el jamón serrano
se veía orgulloso y solemne con sus hongos y tomates secos. El puré de
batata, del cual hablaré luego porque es clase aparte, presentado con
una bonita técnica de la cocina moderna y los abundantes vegetales salteados nos dejaron ver sus colores intensos y variados.
El lomo lo pedí término medio, pues sabía que el trozo de carne iba a ser sometido a dos técnicas de cocción intensas de poca duración: grillado y horneado; necesitaba medir la cocina bajo la capitanía del cocinero Jerry Miranda, quería saber qué nos tenía que ofrecer. Someter al calor directo del fuego un trozo de lomo en
la grilla para buscar marcar la carne sin quemarla para luego aplicar
un calor indirecto pero igual de intenso en el horno sin secarlo y
evitando que se cocine por el centro para lograr el término medio no
sangroso es una real pericia. Gracias por la sugerencia Chef, realmente
delicioso. Su técnica fue impecable.
Quiero
hablar sin extenderme sobre el puré de batata. A buen entendedor pocas
palabras. Técnica, sentido común, buen gusto, elegancia, una espuma en
la boca, una seda y un real lujo. Felicidades cocineros de Albahaca.
El
plato fue adornado con estas dos joyas de la corona y con los vegetales
que realmente no tienen mucho que ofrecer sino ser lo que son,
vegetales salteados. Sin embargo hay algo que aún no menciono, es un detalle que pocos aprecian y muchos ven con terror y espanto en un plato, me refiero a la deliciosa reducción de aceto balsámico
que fue dibujado en una de las esquinas del plato. Miranda nos explica
que no utilizó la cantidad de azúcar que normalmente necesitaría para
una reducción convencional sustituyendo esta ausencia con miel de abeja.
¡Genial! El jefe de la cocina me habló de este plato con tanta pasión y seguridad que me vi obligado a probarlo. Realmente sabe de lo que habla el Sr. Jerry Miranda. El lomito Albahaca es el buque insignia de Albahaca Restaurant.
Les invito a pedir este increíble plato cuando visiten este agradable restaurant, atendido por el amable restaurador Sr José Sabe, hombre que expresa con sus acciones la autenticidad del que sabe que el mayor reconocimiento es la fidelidad, el aplauso de un agradecido y la crítica de un apasionado sibarita.
Servicio: 7.5 Rapidez de entrega de pedidos: 8.5 Calidad de los productos: 10 Local: 9.5 Amabilidad del personal: 10 Sabor: 9.5 Albahaca Restaurant: ¡Genial!




