¿A quién le ha pasado que ha ido a comer al local
gastronómico de moda y les parece fabuloso por la novedad y las ganas de
probar. Van de nuevo y les parece bueno pero conocido. Vuelven a ir y les
parece mediocre, más de lo mismo y hasta
aburrido. En consecuencia deciden dejar de ir porque no quieren gastar su
tiempo ni su dinero en la constante monotonía, pero le quieren dar otra
oportunidad y resulta ser una mala experiencia. Entonces viene ese
arrepentimiento y sentido de ultrajo, violación de lo más básico e íntegro del
ser y de todo lo que nos importa, entonces nace un sentimiento de malestar y
esa voz interior que nos acusa repitiéndonos una y otra vez: “te lo dije”?
Pues a mí me pasó recientemente en Bocadillos, el lugar de
comida rápida americana en la estación de servicio Full de Todo. Fue a las 8 de la noche de un día martes
cualquiera. Llegué espontáneamente, sin mi agenda ni mis ganas de ser crítico
pues esto de opinar implica pensar y, pensar cansa. Tuve realmente un día muy
pesado en la oficina y sólo quería comer algo para dormir tranquilo. Tenía
entendido que las hamburguesas ahí no eran económicas pero, sabrosas. Acerté en
la primera pero en la segunda me llevé una decepción… gran decepción.
Primero les hablaré de personal luego de las hamburguesas y
luego del experimento que hice para determinar el sentido de honestidad,
nobleza y vocación de servicio de quienes están del otro lado del mostrador.
Como decía, fui a Bocadillos de una manera desenfadada, con
la mente despejada y sin ninguna intención de prestarle atención a los
detalles. Pido para llevar dos hamburguesas que llevan el nombre del
“restaurant”: Hamburguesas Bocadillos. Quien tomó mi orden fue un muchacho con
mala actitud: arrogancia, desdén e indiferencia; realmente no me molesté en
preguntar su nombre (como lo haría normalmente en los restaurantes que
visitamos). Dejé pasar por alto su mal proceder y me decidí a pagar el precio
de Bs. 75,oo por cada una de las hamburguesa que pedí para llevar. Pregunté el
precio y para mi sorpresa no fue la suma de Bs75 x 2= Bs 150 sino Bs 160.
Pregunté por qué y la causa del aumento al monto fue por los dos envases para
llevar. Me cobraron por cada envase Bs 5,oo. Fue ahí cuando me molesté
realmente. ¿Por qué tienen que cobrarme unos irrisorios 5 bolívares por un
envase de anime, que va a la basura y que tiene el magno propósito de llevar el
producto, nombre, marca, sabor, esfuerzo, receta, tiempo, inversión de los
propietarios de Bocadillos a mi casa y “disfrutar” de todo eso?
Por 75 Bolívares nos podemos ir a Bön Burguer y comernos una
hamburguesa de mayor calidad en un local pensado y diseñado para atender el
público, con la intención de satisfacer al cliente; no improvisado como en
Bocadillos, que de lejos se ve que quitaron estantes de productos para meter
sillas y mesas con la impuesta decisión de vender hamburguesas porque sí.
Señores Bocadillos, su local, sus hamburguesas y su atención no valen Bs 75,
nos deben humildad y respeto. Están compitiendo con las Hamburguesas de Mi
Ternerita, La Brasería, entre otros excelentes lugares, aptos y dispuestos a
recibir comedores de hamburguesas. Esos envases deben ser asumidos en el alto
precio y jamás debe el cliente pagar la penitencia por no querer quedarse en un
lugar con olor a gasolina y lleno de personas molestas e indispuestas que no
son capaces de brindarle una sonrisa a quién les lleva el dinero a la caja
registradora.
Mi paciencia se agotó. Logré superar a los vendedores de
piratería que se lanzaron en el parabrisas de mi automóvil para venderme una
película, logré superar la desidia del cajero que le daba igual si compraba una
revista o una hamburguesa, logré superar el olor a gasolina que entraba desde
afuera, pero cuando me abofetearon con el cobro de los envases para llevar
decidí prestar atención para poder redactar esta nota con la mayor exactitud
posible. Acepté lo cobrado: dos hamburguesas, más dos envases, más un regalito
para mi esposa: Bs 176,98

En bien pagué el monto, le dije al
cocinero (hombre en sus cuarentas,
tal vez, de cabello blanco y de actitud impresionantemente similar a la del
cajero) que ya no quería mi hamburguesa para llevar sino para comerla en el
local. Éste me dijo que no había problema y así fue, luego de 25 minutos recibí
mi hamburguesa. Realmente se veía provocativa, tenía la firme convicción de
olvidar todo, si sabía como se veía. Me propuse el reto y perdí, pues la carne
de la hamburguesa estaba seca y salada. La hamburguesa no tenía las salsas más
comunes, pero al parecer esto no fue un error, pues me dio la impresión que la
hamburguesa no viene con la mayonesa, el kétchup ni la mostaza tradicional,
porque al pedir estas salsas el cocinero arrogantemente me preguntó: “¿cual
quiere?”. La hamburguesa no estaba tan buena como la recordaba, no sé si fue
porque antes tenía positivas expectativas o porque simplemente, antes en Bocadillos,
preparaban buenas hamburguesas.

La decisión de comer en el local fue un experimento que
decidí realizar. Estaba molesto por el tema de los envases y me preguntaba las
razones para que estos restauranteros, amantes del dinero y no de la
gastronomía, hayan decido cobrar 5 bolívares por cada envase para llevar. Me
preguntaba si el verdadero negocio estaba en los envases y no en vender
hamburguesas, o si cobraban los envases para que la gente prefiriese comer ahí
que pagar por los animes; estaba intrigado por saber si eran unos genios locos
o unos locos tontos. El hecho fue que cambié mi orden para ver si me regresaría
mis 5 bolívares por motu proprio debido a que son honestos y quieren proteger a sus cliente ya que realmente les
importa la satisfacción de los mismos pues es el deber ser de cada restaurant o
por otro lado me dejaría ir, quedándose con mis 5 bolívares más, el envase que
no me entregaron, aun cuando pagué por él. ¿Quieren saber el resultado de mi experimento?